Espacios Naturales

PARQUE NACIONAL DE LA SIERRA DE GUADARRAMA

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Fecha de Declaración: 
26. Junio 2013
Otras Figuras de Protección: 
Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama (Área de Especial Protección del Parque Nacional (Montes Matas y Pinar de Valsaín): 7.011 hectáreas.)
Superficie: 
33.960 ha. Castilla y León (Segovia) 12.246 ha. / Comunidad de Madrid 21.714 ha.
Término municipal: 
En la Provincia de Segovia: Aldealengua de Pedraza, Basardilla, Collado Hermoso, El Espinar, La Losa, Navafría, Navas de Riofrío, Palazuelos de Eresma, Real Sitio de San Ildefonso, Santiuste de Pedraza, Santo Domingo de Pirón, Segovia, Sotosalbos, Torre Val de San Pedro, Torrecaballeros, Trescasas. En la provincia de Madrid: Alameda del Valle, Becerril de la Sierra, Cercedilla, El Boalo, Lozoya, Manzanares el Real, Miraflores de la Sierra, Navacerrada, Navarredonda y San Mamés, Pinilla del Valle, RascafrÍa, Soto del Real.
El Parque Nacional ocupa 33.960 hectáreas de la Sierra de Guadarrama en el Sistema Central, macizo montañoso que divide en dos la meseta castellana y separa las cuencas hidrográficas del Duero y el Tajo y las provincias de Segovia y Madrid. La mayor parte de su superficie lo ocupan las cumbres dominadas por los afloramientos rocosos y los pastos y matorrales de altura. Durante el trámite de su declaración, en algún momento, llegó a denominarse “de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama”, pero, la inclusión de extensas superficies de pinar y otras no tan extensas de melojar que ocupan los pisos bioclimáticos supra y oromediterráneo provocó que la denominación “de las cumbres” perdiera su sentido. Aporta, por tanto, a la Red de Parques Nacionales la representación de diversos sistemas naturales, entre ellos, los pinares de Pinus sylvestris de reconocido valor ambiental, naturalidad y excelente estado de conservación sobre suelos silíceos. Los «sistemas naturales de origen glaciar y periglaciar» que poseen un modelado más propio de latitudes más norteñas o de altitudes más elevadas. La excepcionalidad de sus sistemas «formaciones y relieves de montaña y alta montaña» se encuentra en la geomorfología de la roca granítica que resalta formas del relieve y paisajes únicos. Los sistemas naturales «quejigares y melojares», poco representados en la Red, los «matorrales supraforestales, pastizales de alta montaña, estepas leñosas de altura y cascajares» y «pinares, sabinares y enebrales», aportan una mayor representación en la Red de Parques Nacionales. Desde un punto de vista cuantitativo en el Parque Nacional encontraremos más de 1.000 especies vegetales, de las que 114 se pueden considerar de interés y 83 como endemismos. En la Lista Roja de la flora vascular española se incluyen en diferentes categorías Erysimum humile subsp penyalarense, Licopodiella inundata, Ranunculus valdesii y Utricularia minor. Otras muchas se encuentran incluidas en diferentes catálogos nacionales o autonómicos. La fauna vertebrada se encuentra representada por 255 taxones de los que 148 son aves, la mayor parte de ellas propias de las cumbres montañosas como el acentor alpino o el común, la collalba gris, el pechiazul o el roquero rojo. También encontramos algunas de las especies de aves más amenazadas de la península como el buitre negro, el águila imperial y la cigüeña negra. El barbo comizo o la trucha común son parte de las 14 especies de peces y la rana patilarga o el sapillo pintojo pueden representar a los 36 anfibios y reptiles presentes en este espacio. Son más de 58 especies de mamíferos las presentes en el Parque entre las que están presentes cabras monteses, nutria y desmanes de los pirineos y una amplia variedad de murciélagos. La fauna invertebrada es muy diversa y la tarea de revisar sus censos es un objetivo prioritario para el parque. Algunas especies de mariposas tan extraordinarios como la Graellsia o la Apolo pueden llegar a ser, por su belleza y singularidad, el icono del parque. Son más de 74 los taxones presentes con algún tipo de protección a nivel nacional o europeo. Desde las zonas más bajas del Parque, en ambas laderas, hasta la cumbre de Peñalara, podemos encontrar encinares, estepares, robledales, pinares, bosques de galería, piornales y enebrales rastreros, pastizales de altura, prados húmedos y cervunales, pequeñas manchas de abedul o tejo y un largo etcétera de formaciones vegetales. Por su belleza, singularidad y extensión se pueden destacar las más de 50 hectáreas de acebo bajo cubierta de pino silvestre situadas en una de las márgenes del rio Acebeda. La pedriza En el Parque Nacional además de flora, fauna y paisajes destacan la representación de fenómenos geológicos singulares. El berrocal denominado “La Pedriza del Manzanares” es el reino del granito y de sus formas caprichosas, modeladas por las distintas formas de erosión debidas al periglaciarismo, al agua, al viento o a la descomposición química de la roca, a la que esculpen dándole unas formas que son únicas en la península. También es de destacar el macizo de Peñalara por sus formaciones glaciares siendo estas las más importantes y mejor conservadas formas de modelado glaciar del Guadarrama: morrenas, paredes de circo, cubetas, lagunas, etc. A ellas se unen las formas debidas a la intensa actividad periglaciar que se inició tras la etapa final del glaciarismo. El que conozca la Sierra de Guadarrama sabe que cualquier referencia a ella es incompleta si no se hace mención a la cultura. Su cercanía a Madrid ha supuesto que desde hace cientos de años la Sierra de Guadarrama sea escenario de paisajes culturales, sobre todo pictóricos y literarios pero también arquitectónicos, cinematográficos, e incluso educativos. La Sierra de Guadarrama es la que aparece en los fondos de paisaje de los más famosos retratos reales de Velázquez. También aparece en las pinturas de Carlos de Haes, Martin Rico, Morera, Beruete o Sorolla en varios de sus cuadros, entre los que podemos resaltar “Tormenta sobre Peñalara” pintado desde el Cerro Matabueyes. Es el motivo de hermosos fragmentos literarios de escritores que la eligieron como escenario de sus obras o como motivo de sus poemas. Es el marco paisajístico de edificios tan emblemáticos como los Monasterios de El Escorial y de Santa María de El Paular, del Palacio de La Granja, del Castillo de Manzanares y del Valle de los Caídos. También es el escenario de cientos de películas, desde las superproducciones de Holywood de los años cincuenta a las series televisivas de actualidad. Los valores culturales que encierra el paisaje de la Sierra de Guadarrama entraron en nuestras casas mucho antes de su declaración como Parque Nacional. Incluso un movimiento renovador de la formación y del pensamiento, como el fundado por Giner de los Ríos a través de su “Institución Libre de Enseñanza”, eligió como elemento formativo fundamental el contacto con la naturaleza en la Sierra de Guadarrama. Además de la cultura con mayúsculas que acabamos de destacar, en la Sierra de Guadarrama, sobrevive con esfuerzo una cultura que, por dejar un registro más humilde de su existencia, corre el peligro de desaparecer. Son las tradiciones de los serranos que desde hace milenios pueblan y modifican el paisaje con una cadencia cercana a la de la propia naturaleza. Estas modificaciones del paisaje vienen motivadas por la explotación de los recursos naturales a través de la agricultura, la ganadería o los aprovechamientos forestales. Toda esta actividad realizada para obtener alimentos, energía y utensilios ha generado en el trascurso de los siglos este paisaje que hoy consideramos digno de ser declarado Parque Nacional y a su vez infinidad de tradiciones que suponen el acervo cultural de la sierra.
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